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Cada uno es como es

Esta quincena os quiero presentar un problema de nuestros tiempos: el culto a la imagen.  En nuestra sociedad actual nos transmiten que hay que ser como la mayoría y además parecerse a esos estereotipos que vemos continuamente en la televisión, el cine, las revistas. Si no cumples el estándar, es tu culpa y no entras en el grupo de los guays. Si no vas a la moda actual, es tu culpa y no entras en el grupo de los guays. Si tu talla o tus formas no son las catalogadas como buenas, es tu culpa y no entras en el grupo de los guays.

Os presento la historia de una adolescente que quería entrar en ese grupo y hizo todo lo que pudo por lograrlo. En la historia aparece Luna, una perra de caza, que es la mascota de Alicia, la protagonista.

 

Ya soy del grupo guay

Hoy es el primer día de instituto después del verano. Espero que este segundo año sea mejor. Mientras me ducho pienso en el curso pasado, con mis kilitos de más, no fui nada popular. Pero ahora va a ser distinto.

Me contemplo en el espejo desnuda. Antes no lo habría hecho, me daba vergüenza ver mis michelines. Ha sido un verano duro, pero me ha servido de algo. Gracias a esa web de ayuda de chicas como yo, he conseguido llegar a tener un nuevo aspecto.

Ya no me vale mi ropa antigua. Me sobran varias tallas. Voy a estrenar esos pantalones ajustados y la camiseta que deja al aire mi hombro y mi ombligo que, por fin, puedo enseñar.

–¡Estás guay! – me digo a mí misma

Y salgo orgullosa hacía el instituto, luciendo mi nuevo cuerpo.

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La aprobación del resto

Por ahí viene Ana, a ver qué dice ahora, después de estar un año aguantando que me llamara foca, ballena y alguna otra cosa peor.

–¿Alicia?, ¿Eres Alicia? Pero si abultas la mitad

–¿Has visto? Lo que hace un verano de privaciones.

–Tía…, si estás guapísima. ¿Ves como sí podías?

Bueno he pasado el filtro de la jefa, a ver qué pasa con los chicos. Por ahí viene Javier con sus amigos. El año pasado ni me miraban, y si lo hacían era para burlarse de mí.

–Ali, pero qué guapa te has puesto. ¡Este año promete!

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Hay que disimular

El día ha ido genial. Mi nuevo aspecto ha llamado la atención de todos. Ha merecido la pena el sacrificio. Como mis padres han estado fuera, no se han enterado de nada. Espero seguir engañándolos.

Lo peor es cuando comemos juntos. En la cena se interesan por el comienzo de mis clases:

–Cariño. ¿Qué tal tu primer día de clase? ¿Y tus compañeros? –pregunta mi padre–.

–Ha ido genial. A todos les ha gustado mi nueva pinta.

–Ya…, pero… ya has adelgazado lo suficiente. Ahora tienes que comer. Tienes que estar fuerte para las clases.

–Papá, te he dicho cien veces qué si como engordo, y si engordo no estoy guapa. Déjame a mí. Sé lo que tengo que hacer.

Me he comido la ensalada, pero solo la lechuga, he dejado el tomate y luego el filete se lo he dado a escondidas a Luna, mi perra.

En el desayuno mis padres ya se han ido a trabajar y no ven lo que como, o más bien, lo que no como. Y se supone que almuerzo en el instituto. Mientras siga disimulando en las cenas, todo irá bien.

La semana está siendo genial. Todos me dicen lo guapa que estoy. Me junto con el grupo de las guays y no con las frikis. Lo único malo es cuando me toca educación física. Es curioso que con la mitad de peso de lo que tenía el año pasado me cueste tanto moverme. Bueno, haré lo que pueda.

Ensalada, Plato De Ensalada, Placa

No engaño a todos

Es sábado, hoy viene mi tía Paula, hermana de mi padre. Va a ser más difícil lo de no comer. Ella es lista y se fija en todo. A ver qué me invento.

–¿Has visto que guapa se ha puesto Alicia? –dice mamá en cuanto llega-.

–La veo más alta, más morena, pero quizás demasiado delgada –-contesta Paula–.

–Ehhh, no me ignoréis que estoy aquí. Tía, ¿no te gusto así? Estoy superguay. He bajado un montón de tallas.

–Me gustas así y me gustabas antes. La belleza no tiene nada que ver con la talla.

Nos sentamos a comer y mi tía se sienta a mi lado. No deja de mirarme y de ofrecerme cosas. No tengo más remedio que comer, aunque no me entra. Ella insiste e insiste.

Cuando acaba la comida voy al baño y vomito todo antes de que me haga efecto.

Cuando salgo, sudorosa me encuentro con mi tía.

–Alicia, vamos a tu habitación. Quiero hablar contigo.

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Hay que aceptarse

En la habitación ella me ataca y, al final, consigue que le cuente lo de la web de las princesas, lo del blog de ayuda y como he dejado de comer todo el verano para llegar a tener este tipazo.

–Alicia, no puedes estar sin comer. Esa no es la solución.

–Tú, mejor que nadie, deberías entenderme. Ser siempre la gordita no es divertido.

–Por eso, yo mejor que nadie sé lo que nos cuesta adelgazar. Lo que tienes que hacer es aceptarte cómo eres. Hasta que no lo hagas no vas a ser feliz.

–Pero, si todavía me sobran kilos. Tengo reservas.

–Por favor, no sigas así. Lo que estás haciendo puede tener consecuencias. Si no me prometes que vas a cambiar, hablaré con tus padres.

–No, por favor, no les digas nada. Te prometo que la semana que viene vuelvo a comer como siempre.

–Te llamaré todos los días. Y si no cumples tu promesa, hablaré con tus padres. Yo conozco gente que te puede ayudar.

Coser El Patrón De Las Niñas, Mujeres

No todo es bueno

Por supuesto que no la voy a hacer caso, pero la engañaré para que no se lo cuente a mis padres. Mi supermadre se siente orgullosa de mí desde que uso una talla normal. Que lista, como ella no tiene qué hacer esfuerzos para no engordar. Ya me gustaría verla con mi cuerpo. Papá, sin embargo, se está preocupando, pero como trabaja tanto, no se da cuenta.

Esta nueva semana es más dura que la anterior. Cada vez me encuentro más cansada. He convencido a mi madre de que me he lesionado el hombro y me ha firmado un justificante para educación física.

El martes los chicos quedan para patinar después de clase. He inventado una excusa para no ir. Estoy cansada y no creo que aguantase mucho. Hay que elegir entre tener buen tipo y estar en forma. Y elijo tener buen tipo, que vende más.

Cuando llego a casa mi madre está hecha una furia. Me recuerda que Luna es mi responsabilidad y que no la estoy sacando a pasear. Es una perra de caza y necesita correr. A regañadientes salgo con la perrita. Pobre, va como loca. Ella sí que me quiere y la he dejado un poco abandonada.

Estoy medio mareada cuando salgo a la calle. Luna no puede más de alegría y echa a correr tirando de mí. No puedo soportarlo y me caigo al suelo. Es lo último que recuerdo.

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Necesito ayuda

Me he despertado en el portal de casa. Mi madre llorando. Unos enfermeros del Samur tomándome las constantes. Los vecinos alborotados.

–Luna, Luna ¿Dónde está?

–Se ha escapado cuando has caído. No te preocupes, todos la están buscando. Ha debido irse a la dehesa, pensando que ibas a seguirla.

–Señora, déjela tranquila. Está muy débil.

Cuando se han ido todos me han dejado tumbada en mi habitación y Luna no había aparecido. Era mi responsabilidad y no la he cuidado.

Entonces pienso en el curso pasado. A pesar de mis kilillos era buena en educación física. Destacaba mucho. Me apunté al club de Voleibol. Era divertido. Mis amigas frikis tenían su punto. Veíamos series. Íbamos a exposiciones de comics. Y los paseos por la dehesa con Luna eran muy relajantes y conocía mucha gente.

He llorado toda la noche. Cuando me he levantado, me he mirado al espejo y ya no he visto a la chica superguay del final del verano. He visto a una flacucha débil, incapaz de cuidar ni de sí misma.

Entonces he cogido el teléfono:

–Tía, Habla con mis padres. Necesito ayuda.

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Rosa Cabezaolías

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Rosa Cabezaolías

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One thought on “Cada uno es como es

  1. Me gusta esta historia. Concisa, sencilla y a la vez mostrando las limitaciones que se derivan del problema de la falta de aceptación. El estado físico afecta a las relaciones, a poder o no realizar actividades, la renuncia a muchas cosas y el riesgo que supone para la salud.

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