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Colmillo Blanco

Este es uno de los libros que conocí gracias a mi padre, que era un ávido lector. En su biblioteca había de todo, novelas de aventuras, de animales, del oeste, libros juveniles y libros de la literatura universal.

En una época en que viajar era un lujo, conocí mundo gracias a Jack London, que me transportó a Alaska en los tiempos de la búsqueda de oro. Recuerdo que me gustó mucho y cuando lo he releído ahora, me ha vuelto a gustar, pero he sentido más la crueldad humana, porque he empatizado más con su protagonista, un lobo salvaje.

Jack London (John Griffith Chaney) nació en San Francisco en 1876. En 1897 le atrajo la búsqueda del oro y se fue a Alaska. Fracasó y volvió enfermo y, mientras se recuperaba, estudió literatura para convertirse en un gran escritor.

La mayoría de sus relatos y novelas se sitúan en el territorio donde no consiguió hacerse rico, pero sí tuvo grandes experiencias. Se convirtió en un escritor de gran éxito, a partir de la publicación de La llamada de la selva en 1903.

Toda su obra habla de problemas sociales y supervivencia, tanto de hombres como de animales.

Colmillo blanco se publicó en 1906, aunque inicialmente se editó por entregas en la revista Outing.

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¿Qué hay sobre animales en “Colmillo Blanco”?

Esta novela cuenta la vida de un lobo que vive salvaje con su madre, hija de un perro y una loba. Cuenta lo dura que es la vida de estos animales en el Territorio del Yukón, Canadá, durante la Fiebre del oro de Klondike a fines del siglo XIX.

Cuando solo tiene ocho meses es capturado por humanos. Va pasando por diferentes dueños, que le domesticarán de distintas formas. Pasará de ser una herramienta al servicio de los humanos, a ser un animal salvaje educado para pelear.

¿Logrará encontrar un humano que lo quiera de verdad como a un ser vivo?

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¿Qué vas a aprender de este libro?

Este libro, contado desde el punto de vista del lobo, nos enseña cómo nos perciben nuestras mascotas, especialmente las de la especie canina. Para ellos somos dioses, porque les cuidamos y les damos de comer, pero unas veces nos respetan por el miedo al castigo y otras por el cariño que les damos.

Vamos a aprender cómo los humanos, a veces, utilizamos a los animales como cosas a nuestro servicio, sin darnos cuenta que son seres vivos que sienten y que nos servirían igual si no les castigamos ni somos crueles con ellos.

Verás cómo el sentido de la lealtad de los animales domesticados, aunque su origen haya sido salvaje, hace que vuelvan con sus dueños, aunque no les hayan tratado bien.

Y finalmente verás, como puede cambiar el comportamiento de un animal cuando lo que recibe es amor.

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¿Qué resaltaría de “Colmillo Blanco”?

En toda su obra Jack London nos muestra la vida salvaje en un territorio que estaba siendo conquistado por el hombre y se revelaba contra él:

Era la magistral e inefable sabiduría de la eternidad riéndose de lo fútil de la vida y del esfuerzo que supone.

En esta novela vemos como los seres vivos se adaptan a las circunstancias para sobrevivir:

Para enfrentarse al constante peligro de ser herido e incluso destruido, sus facultades depredadoras y defensivas se desarrollaron. Se volvió más ágil que los otros perros, rápido de patas, astuto, mortal, más liviano, más delgado, con músculos y nervios de hierro, más resistente, más cruel, más feroz y más inteligente. Tuvo que ser todo eso, de lo contrario no hubiese resistido ni sobrevivido al hostil ambiente en donde se halló.

Bajo la mirada de los animales somos seres superiores. Podemos hacer cosas que ellos no pueden:

Se limitó a acurrucarse, paralizado de terror y ofreciendo su sumisión, como hizo toda su raza desde la primera vez que un lobo llego a sentarse junto a la lumbre producida por los hombres y pudo calentarse.

Después de episodios de crueldad extrema con nuestro protagonista, éste pude cambiar si lo que recibe es cariño:

En cuclillas, cara a cara con el animal, lo acariciaba cariñosamente, le restregaba con suavidad las orejas, el cuello y los lomos, y daba en ellos amistosos golpecitos, que eran contestados con gruñidos de satisfacción, más pronunciados que nunca.

 

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