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Historia de un perro llamado Leal

Luis Sepúlveda, un clásico en la literatura, nos deleitó recientemente con este libro que habla de la naturaleza, de su tierra y de sus orígenes.

Se lo dedicó a sus nietos y quiere rendir un homenaje a un tío abuelo, que contaba historias al anochecer a la gente de su pueblo, los mapuches (que significa gente de la tierra).

El autor nació en Chile en 1949, empezó a escribir muy joven, publicando su primer libro de poemas a los 17 años. Desde 1977, año en que se exilió de su país natal, ha vivido en muchos países de Sudamérica y de Europa ya ha estado comprometido con muchos movimientos a favor de los derechos humanos y de la naturaleza. Saltó a la fama en 1989 con la novela “El viejo que leía novelas de amor “.

Se adentró en la literatura juvenil con “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”, cumpliendo una promesa que le hizo a sus hijos.

Y con esta promesa, que les hizo a sus nietos, vuelve a deleitarnos con una historia de un perro llamado Leal.

Esta obra fue publicada en 2016 por TusQuets Editores con ilustraciones de Marta R. Gustems.

¿De qué va este libro?

Es la historia de un perro pastor alemán que añora la libertad que tuvo cuando, siendo un cachorro, fue criado por los mapuches. Con ellos fue feliz y aprendió a respetar la naturaleza.

Creció con su hermano humano Aukamañ, al que perdió cuando los hombres blancos echaron a los mapuches de su tierra y le capturaron para que les sirviera.

Cómo es bueno cazando le hacen perseguir a un fugitivo. En esta persecución recuerda todo lo que tenía cuando vivía con sus amigos y encuentra olores similares a los de entonces.

¿Conseguirán sus nuevos dueños que de caza al fugitivo?

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Ilustración de Marta R. Gustems

¿Qué hay sobre animales en “Historia de un perro llamado Leal”?

Este libro cuenta la vida de un pastor alemán. Muestra como aprendió a respetar la naturaleza con los mapuches, siendo respetado él también

Desde que un jaguar lo encontró en la nieve y lo llevó con la tribu de mapuches, fue un perro feliz. Se consideraba hermano de un humano, cachorro como él, junto al que creció.

Más tarde, cuando es capturado por los hombres blancos, echa de menos su vida en libertad con sus amos anteriores. A pesar de eso, sigue obedeciendo a sus nuevos amos, porque está en su naturaleza ser fiel a los humanos.

Dada su habilidad para seguir rastros, lo utilizan para perseguir fugitivos, hasta un día en qué persiguiendo a uno de ellos, reconoce olores familiares que le transportarán a su antigua vida.

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Ilustración de Marta R. Gustems

 

¿Qué vas a aprender de este libro?

Este libro te enseña cómo un mismo animal puede ser criado de maneras tan diferentes. A sus primeros amos los añora y quiere. Ha sido feliz con ellos y ha sido uno más de la tribu.

Sin embargo, sus nuevos amos lo dominan por medio del castigo y el miedo, aunque él hubiera obedecido igual si le hubiesen tratado bien.

Cómo en otros de sus libros, Luis Sepúlveda, nos muestra el daño qué los hombres hacen al planeta y nos muestra cómo era la vida de los indios de la Araucanía, grandes defensores de la naturaleza.

Y , por último, nos enseña porque al perro le llamaban Leal y hasta donde le lleva esta lealtad.

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Ilustración de Marta R. Gustems

 

¿Qué resaltaría de este libro?

El gran amor de su autor por la naturaleza y sus orígenes:

“Siempre he querido contarles una historia a los niños mapuche, al atardecer, junto al río, mientras comemos los frutos de la araucaria y bebemos jugo de manzanas recién recolectadas”

Lo mal que pueden llegar a tratar los hombres a los animales y cómo Leal soportará todo lo que le imponen, a pesar de que recuerde lo que tuvo antes:

“Cierro los ojos, tengo hambre y sed, pero no me importa. No me importa que para la manada de hombres yo no sea más que el perro, y de ellos no espero otra cosa que el látigo. No me importa porque desde la oscuridad me llega el tenue aroma de lo que perdí”

Nos muestra cómo los mapuches agradecen a la naturaleza todo lo que les da. Al contrario que los hombres blancos:

“…la vida se debe tomar con gratitud..”

“Los wingkas son seres de costumbres extrañas, no sienten gratitud hacia todo lo que hay.”

Enseña que lo bueno de la vida se encuentra en las pequeñas cosas, que se echan de menos cuando se pierden:

“… huele a leña seca, a harina, a leche y a miel, huele a todo lo que perdí.”

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Ilustración de Marta R. Gustems

 

¿A qué esperas? ¿Quieres leerlo? En este enlace puedes comprarlo:

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Si quieres ver otro libro del mismo autor visita esta entrada de mi blog.

Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar

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Rosa Cabezaolías

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