A menudo hemos escuchado muchas historias sobre el gran sentido de la orientación de los gatos. En algunos sitios lo llaman el sexto sentido.
No debemos olvidar que los gatos son cazadores y están acostumbrados a moverse en grandes extensiones y deben utilizar su sentido de la orientación para saber moverse y volver con su manada.
Este sentido no solo les sirve para volver a sitios conocidos, sino que también pueden localizar gente o animales afines a ellos.
Se conocen muchas noticias y experimentos realizados con gatos, aunque se desconoce cómo utilizan este sentido.
Os voy a contar la historia de una de mis gatas, se llama Pitufina.
Pitufina la exploradora
Esta aventura de Pitufina nos demuestra la orientación de los gatos.
Estaba con mi familia en un piso bajo alquilado por una temporada. La vivienda tenía un jardín privado con muchas plantas y muebles para disfrutar de la naturaleza. Pero había un problema, el jardín venía con inquilinos extra.
Cuando llevábamos pocos días en el piso, descubrimos que el jardín era frecuentado por una gata atigrada marrón y un gato enorme gris y blanco. La gata era chiquitita, pero vimos que estaba preñada y el macho la cuidaba. Eran como un matrimonio.
En pocos días, oímos debajo de unos setos del jardín maulliditos lastimeros. Estuvimos observando hasta que vimos que ya habían nacido los cachorros, eran seis: dos atigrados marrones, como la madre, dos a manchas blancas y grises como el padre, y dos atigrados grises.
No podíamos encargarnos de ellos, porque en unos meses teníamos que abandonar la casa y no teníamos forma de trasladarlos. Los observábamos diariamente, viéndolos crecer y jugar en el jardín.

La caída de Pitufina
En el jardín había una chimenea, que era el respiradero del aparcamiento y los trasteros de la casa. Un día vimos a la madre que miraba con cara de susto por un pequeño hueco de uno de estos respiraderos y hacía el ruido que empleaba para llamar a sus cachorros. Prestamos atención y oímos un maullido en el fondo de la chimenea.
¡Uno de los cachorros había caído dentro! La madre le llamaba desesperada y el gatito lloraba. Buscamos por el jardín y solo vimos cinco gatitos. Faltaba uno de los atigrados grises.
Teníamos que actuar. Bajamos a los trasteros y al aparcamiento buscando el maullidito del cachorro y vimos una trampilla en la pared donde se le oía muy cerca.
Abrimos la trampilla y mi hermana entró para buscar al gatito. El problema es que no se podía acceder a él tampoco desde la trampilla. La chimenea tenía un gran hueco, que era al que se accedía desde la trampilla y una tubería que iba hasta abajo donde no se podía acceder y solo cabía un pequeño cachorrito como el que había caído.
Desde arriba se veía la tubería y el gatito abajo llorando, pero era imposible sacarlo. No podíamos acceder y él no podía escalar.

El rescate de Pitufina
Inventamos de todo para poderle sacar: echarle una cuerda con una pequeña red para intentar cogerle, echarle jamón sujeto con un sedal para tirar de él cuando comiese, hicimos una especie de escalera para que pudiese subir.
Todo fue inútil. El cachorrito se comía la comida, pero no lo podíamos pescar con la red, ni se le ocurría subir por la escalera.
Pedimos ayuda al dueño de la casa, que intentó también de todo, sin éxito. Le pusimos comida y dejó de llorar. Cuando nos asomamos ¡estaba dormido!, su madre seguía llamándole desesperada, nosotros no sabíamos que más hacer, y él estaba dormido,
El dueño de la casa le despertó echándole un poco de agua, y el cachorrito, muy ofendido empezó a protestar, y desapareció de la vista. Había una tubería lateral por la que pasó. Yo estaba allí y oí como se desplazaba por todo el pasillo de los trasteros maullando, muy enfadado.
Ya no podíamos hacer nada y pensamos que la tubería por la que se había escapado tendría alguna salida. Recorrimos todo el garaje y la zona de trasteros buscando salidas e intentando escuchar maullidos, pero no conseguimos nada.
Ya era muy tarde y unos fuimos a dormir muy tristes, oyendo a la madre llamándole.

La orientación de los gatos
Al día siguiente, fuimos al jardín para seguir buscándole y vimos a la mamá, muy tranquila, con sus seis cachorritos.
¡Seis cachorritos! Contamos varias veces: los dos atigrados marrones, los dos a manchas y ¡los dos atigrados grises! Estaban todos. El gatito había salido de la tubería y había vuelto al jardín con su madre y sus hermanos.
Después de esta aventura, tapamos el agujero por el que había caído y seguimos viéndolos crecer, hasta que llegaron a los tres meses, edad en que la madre los desteta y les empieza a enseñar el mundo exterior.

Pitufina se vuelve a perder
Un buen día no estaban en el jardín ni la madre ni los cachorritos. Se los había llevado a conocer mundo. Los íbamos a echar de menos, pero al día siguiente teníamos que volver a nuestra casa y ya no podíamos hacer nada por ellos.
Con el lío de la mudanza no volvimos a pensar en ellos en todo el día, pero al irnos a la cama, oímos debajo de la ventana un quejido muy lastimero.
¡Era el cachorrito gris! Se debía haber perdido y había vuelto a buscar a su madre y sus hermanos, pero no los encontró y lloraba desesperado.
Lo cogimos y estaba herido, Le habían pegado y apenas podía andar, pero había llegado al jardín.
Vimos que era una hembra, que nos agradeció que la recogiéramos y cuidáramos y al final nos la llevamos y la pusimos de nombre Pitufina, por su color azulado.

El misterio de la orientación de los gatos
Esta gatita con pocos meses de edad supo volver dos veces al jardín donde había nacido, La primera vez pudo haberse guiado por el olfato, pero la segunda vez, lo que localizó fue el sitio o ¿a nosotros que la mimamos desde entonces?
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